Las puertas de la percepción

No tengo mucho tiempo para escribir. En realidad, no tengo apenas tiempo, y llevo siempre mi smartphone petado de gotitas de inspiración en forma de notas para cuando me siente a escribir. Sin embargo ese momento no llega. El trabajo, la falta de tiempo, esta forma de ser madre en exclusiva que me tiene totalmente absorbida aunque encantada. Julia, mi amor, mi vida, mi hija. Hija, que bien suena, que grande y cuanto eco que tiene esa palabra. Eco que llega a la raíz y que toca el infinito.
No es nada de esto lo que últimamente me aturde y me sacude. Han pasado muchas cosas y se han abierto muchas puertas que tenia cerradísimas y olvidadísimas (tanto, que no sabia siquiera que existían) dentro de mi que han puesto mi ser del revés. He entendido perfectamente el significado de Huxley cuando se refirió a las puertas de la percepción. Es cierto, cuando se abren se ve todo como verdaderamente es, infinito. Asusta, impone, su grandiosidad. Y enseguida entiendes que no vas a tener vida suficiente para abarcarlo todo y como puede ser que hayas estado ciego tanto tiempo.
No quiero, no me apetece ahora, por ahora, dar detalles. Como esto es una botella en medio del océano, no creo que a nadie le importe que no lo haga.
Que cortos somos. Como nos aferramos a pequeñas parcelitas de mierda y rencor que no nos dejan respirar. Como nos encanta refugiarnos en nuestras convicciones para no reconocer que nos hemos equivocado, que quizás los demás tengan razón y tengamos que recular, o incluso aceptar que otra opinión, otro punto de vista, es bueno. Yo, que soy la más cobarde de entre las cobardes.Yo, que siempre me he tenido por valerosa, por fuerte, por tenaz.
Y es que nos encanta el espejo de la madrastra de Blancanieves, ese que siempre nos da la razón y lanzamos sin piedad contra la pared y hacemos añicos cuando nos dice lo que no queremos oír. Y deberíamos, porque nos enseña. Y solo cuando la humildad aparece tenemos por fin el don de escuchar, de aprender de verdad, de querer, de amar de verdad. De vivir, en definitiva.
Siento y aprendo de mi y además a un ritmo vertiginoso que me tiene angustiada, sobrepasada, ilusionada y temerosa.
La vida me pone contra las cuerdas, y el camino se pone cuesta arriba a ritmo de bossanova, sin parar y con cadencia. El trabajo, el dinero, el futuro. Todo se espesa como un chocolate pastoso y amargo como un engrudo. Sin embargo, he decidido tomármelo con calma, porque he abierto los ojos.
Ha llegado en el momento perfecto. Cuando este puto país esta preñado de mediocres que se forran, de corrupción, de ladrones ya sin guante ni nada, de recortes, de desesperanza. Ya no podía mas con las noticias, con las manifestaciones, con los seis millones de parados, con las personas que no pueden más y se lanzan al vacío. Y de gente que sigue sin creerse que esto está pasando, con sus vacaciones y sus cochazos y sus niños con sus uniformes y sus apartamentos en la costa Brava o casitas para veranear en Huesca.
Hay mucha gente que pide ayuda solapadamente, porque sé identificarlos. También sé identificar al que pasa por el lado girando la cabeza como si no fuera con él. Muchos de los que piden ayuda antes eran de estos, de los de "va, va, camina, no te gires".
Ya con el tiempo y con menos agitación espiritual y personal me centraré es desgranar y deshojar y trillar las cosas.
Mis amigos, mi gente. Mi verdadera familia, que ha acudido y sigue acudiendo en masa a lanzarme cuerdas en este océano de necesidades para que no me hunda y no saben hasta que punto me emociona y les adoro y jamás voy a poder decirles, deciros, como sois de importantes para mi, y como os agradezco que estéis de esta forma tan desinteresada. Me dejáis sin palabras. Sois los mejores, y seguro que no os merezco. Pero fíjate que suerte. Alimentáis mi amor, mi cariño, aliviáis mis dudas, y me ofrecéis los brazos cuando las sombras me persiguen. Ojala yo sepa estar a la altura, como estáis vosotros siempre. Siento vuestro calor a mil en las venas. Aunque a algunos no os vea hace tiempo. Tenéis que perdonarme, y sé que lo hacéis. No tengo tiempo físico pero os llevo conmigo.
Cuando hablo de todo esto, no hablo de pareja, no la tengo, no la necesito ahora, no cabe en mi vida. No podría dedicarme a alimentar otra hoguera para la que ni siquiera estoy ahora preparada ni me apetece. Mis energías están puestas en esta época de percepción y de aprendizaje.
Y en Julia. Que nombre tan hermoso, ¿verdad? No hay otro nombre que abrace tanto el amor, la entraña y el espíritu como este. Julia. Es poesía pura, vida en estado puro. Huele a rocío y a tierra mojada y a pan horneado y a café recién hecho. Julia.
Os abrazo fuerte. Os quiero. A todos. A pesar de todo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

YO TE INVOCO

No ha podido soportar

16 semanas de baja maternal