Seis grados de separación.
Tengo como un bloqueo entre mi cerebro y mis manos, que cosas que antes se me hacían tan fáciles como escribir, expresar mis sentimientos, narrar alguna cosa, desde que soy madre me cuestan horrores. Estoy espesa y tan copada de llevar todo p´alante yo sola que a veces me quedo colgada como el windows. Entre los documentos que estoy repasando están las fotos de Dadaab (o desafortunadamente, de cualquier sitio ya al ladito de casa), recordando el blog de mi amigo poeta Txema Anguera (el cigarro de José Agustín) y desde que he empezado no he parado de llorar silenciosa y solitariamente. Pero no el llanto que arranca y para, sino esas lágrimas profundas e incontrolables al compás de lo terrible del mundo que nos rodea. Siempre fui una idealista, pero al amparo de la desastrosa realidad que nos ocupa se me hace cuesta arriba la lucha, la palabra, el corazón, la tenacidad, el aliento, el coraje. Veo esas fotos de gente que hace tiempo que dejó de creer, y sobretodo, veo esas criatu...