El precio que hay que pagar


Sé que valgo más por lo que callo que por lo que digo.
Porque soñando digo lo que siento y entonces sé que hago lo correcto, callando.

Hay ocasiones en la vida en las que tirarse a la piscina aún a sabiendas que está vacía vale la pena, pues el golpe en sí es una recompensa, una señal, un camino. Sólo se despierta de los sueños de letargo con grandes aspavientos al más puro estilo Louis de Funienses.

Cuando uno lleva tiempo caminando por la senda y sólo el eco le responde, sabe que ha llegado el momento de tirarse a la piscina, conscientemente. Es únicamente entonces cuando te reciben litros de agua fresca y renovadora, para abrazarte diciéndote que otra etapa ha empezado.

El precio que hay que pagar por vivir a menudo son sanguijuelas emocionales que nosotros mismos nos encargamos de mantener gordas, sanguinolentas y cebadas pegadas a nuestra piel para poder auto compadecernos, que es la cosa más deprimente a la que llega un ser humano. Mantener a salvo sus miedos para poder vivir de ellos secretamente en la guarida, en la cueva del subconsciente más atávico y estúpido que todos llevamos a fuego.

La impotencia más grande suele pasar cuando uno quiere quitarse los demonios de encima y se encuentra gritando cual loco, de cara a la pared. Jamás pared alguna devolvió ninguna palabra, únicamente la de las cuevas de Ali Baba, y hasta donde yo sé ,aquello fue ficción. Conclusión: me he sacado un máster del universo de predicar en el desierto, cursos de esgrima contra fantasmas extra corpóreos y un montón de insensateces que no sirven para nada más que empezar a ver que ¡coño! las sanguijuelas duelen, habrá que empezar a despegarlas de la carne poco a poco.

Y es que sólo he visto lo fuerte que soy hasta que ser fuerte es la única opción.

Y sólo me he dado cuenta de lo que significa el amor hasta que lo he tenido entre mis brazos, con sus ojitos de guinda mirándome sonrientes, sin más ambición que la de ser querida: Julia. El amor, lo que siempre había buscado, por rincones tan equivocados, ha terminado por nacer de mi, hacia mi. Estaba todo tan cerca de aquí, lo llevaba dentro de mi, como dice mi admirado Makaroff.

Y ahora, a galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar. Que llevo por bandera el sol y la luna a mi espalda y entre mis brazos, brava, a mi Julia, regalo de lo que está por venir, de lo que dejaré cuando yo ya no esté más. Mi querida Julia, que jamás va a imaginar tantísimo amor he descubierto para ella, cuanto llevo tanto luchando y todo lo que me queda. Hija mía, hija de mi vida.

Y el resto, sólo han sido espejismos de mi máster en el desierto que yo me he creído y que otras y otros creerán ver.

Yo soy tauro, como Julia, y sólo creo en lo que piso, en lo que toco, en la tierra en la que siembro mis raíces y de la que me alimento, sudo, lloro, trabajo y acaricio. Yo soy tauro y tan emocional que a veces me he perdido por sendas imposibles con la miserable misión de perseguir un reflejo, un rayo de luna, como el infeliz de Becquer.

Dicen Benedetti que no te salves. Y yo, como no quería salvarme y menos salvarme en falso, escogí otro camino.

Comentarios

Entradas populares de este blog

YO TE INVOCO

No ha podido soportar

16 semanas de baja maternal